POR ALBERTO CRUZ

CICLONOTICIAS.NET

Al abordar el tema de las elecciones celebradas en el año 1994, la dirección del Movimiento por la Renovación Democrática — M.R.D — concluyó en que las mismas fueron “frustratorias y traumatizantes para el pueblo dominicano; sin embargo, dejaron algunas enseñanzas a tomar en consideración a la hora de analizar el devenir político, como ejemplo de esta afirmación destacamos que a partir de dichas elecciones, solo será posible ganar en una justa de esta naturaleza y gobernar el país con buenos augurios de desarrollo económico, social y político, si los partidos (Mayoritarios y minoritarios) construyen un frente o coalición, que deberá concitar el mayor apoyo popular, con un programa de gobierno ajustado a la realidad del país y muy especialmente apegado a las necesidades de los diferentes sectores sociales que están inmersos en la marginación.

Es indudable, en lo que respecta a las libertades democráticas, desde allá para acá, no hemos retrocedido, al contrario, ha habido avances en la institucionalidad y el respeto a los derechos fundamentales, con algunas excepciones, la democracia política se ha fortalecido, no obstante, la democracia económica está de mal para peor, la desigualdad sigue siendo el gran reto y la marginación de los que menos pueden no tiene freno, tanto así, que basta con visitar los municipios del país y los barrios marginados de las grandes ciudades. La falta de alimentación adecuada, las enfermedades, escasez de agua, la inseguridad, el deterioro de la educación y la calidad de la vida en general resultan deprimentes.

Quienes prometimos y juramos, en nuestros años de juventud, alcanzar un país con más equidad y justicia social, no podemos olvidar el compromiso contraído, no podemos voltear la mirada y con la indiferencia negar nuestro origen y promesa de luchar hasta el final, por ello, y conforme a la realidad del momento, debemos buscar la forma de que, comenzando desde los sectores más vulnerables, es decir, desde cada rincón de la República Dominicana, desde el municipio más apartado del país, crear las condiciones para que el país se ponga de pie y empujemos todos, no importa el partido político, la iglesia, el club, la junta de vecinos o el negocio de su preferencia, hasta lograr un movimiento nacional por el desarrollo de los municipios y así, desde los cordones de miseria y marginalidad obliguemos al liderazgo político, social, sindical, empresarial a firmar un pacto por el desarrollo municipal.

Desde la página 171 de mi libro, “Reflexiones, valores, principios y otros temas”. Les dejo la siguiente nota, “para una política de estado por el desarrollo de los municipios”.

“El origen de la municipalidad estuvo determinado por la política autoritaria española, por ser el país que en un recorrido de descubrimiento y conquista influyó en todas las naciones del Caribe y Latinoamérica, es tanto así, que los gobernadores españoles designaban a los presidentes, alcaldes y regidores de los Ayuntamientos. La estructura organizativa en los ayuntamientos respondió al modelo piramidal de mando y las designaciones de los funcionarios conlleva privilegios para las personas cercanas a los gobernadores.

En el proceso encabezado por Juan Pablo Duarte por la independencia de la República Dominicana, este promovió un poder municipal con otra forma de organización territorial y con la participación de los ciudadanos; sin embargo, los sectores conservadores, que al final se impusieron, se resistieron a ésa idea y dejaron una herencia política autoritaria, la cual ha sido reforzada y conservada por por los gobernantes dominicanos, así, el gobierno central ha sustituido las competencias fundamentales y la autonomía de los ayuntamientos.

Es obvio que los gobiernos locales en República Dominicana no han podido rebasar la conducta autoritaria que, desde su nacimiento, por una cultura que viene del exterior, ha sido la orientación seguida por los actores principales, generación tras generación.

En atención a lo subrayado en el texto que antecede, no es posible arrancar de raíz ése esquema y producir los cambios sustanciales en el quehacer de las alcaldías, a menos que procedamos, por medio de la movilización, hacer valer el carácter democrático que aconseja nuestra carta magna en virtud del necesario concepto que debemos promover, en el sentido de que la nación dominicana se encamine bajo el precepto de un estado social y democrático de derecho, porque no se trata de que haya un gran vacío en la legislación que norma la organización, funcionamiento y atribuciones de los ayuntamientos, ya que, luego que se introdujeron las modificaciones a las leyes 34-55, 34-56 hasta lograr una ley con ciertos niveles de modernidad como la ley 176 - 07 y leyes complementarias en el orden de la asignación presupuestaria como la ley 166 - 03 y otras, sería muy poco lo que habría que hacer.

Se trata entonces de que, basado en el criterio constitucional y legal, como hemos indicado, desarrollar una política que alcance la necesaria transformación y cambio de conducta en las autoridades municipales y los líderes de este importante sector, para decirlo de manera más precisa, hay que iniciar un proceso revolucionario en el ámbito municipal con la idea de que en un tiempo prudente arribamos a la verdadera autonomía y descentralización de estas instancias que operan como gobiernos locales en un determinado territorio, con el compromiso de proveerle: Alimentación, salud, educación, medioambiente, seguridad, agua y obras públicas a los munícipes hasta lograr los objetivos de desarrollo a una sociedad que cada día expresa con vehemencia y desesperación su clamor por vivir en equidad y justicia social.

El autor es Abogado, Periodista y presidente del CIPROMU

Reside en Estados Unidos

Agosto 17, 2026