POR JOSÉ LINO MARTÍNEZ

CICLONOTICIAS.NET

Antes que todo, debemos ver el problema de raíz, e irnos, según mi juicio, a la esencia de su existencia en la personalidad de los individuos, mismo que-de acuerdo a la vivencia del comportamiento de la gente-, resulta intrínseco a la existencia humana, y a lo que asevero, viene dentro del paquete de la propia concepción de la vida. 

En efecto, para poder entender la magnitud psíquica del comportamiento egocentrista, es menester precisar la definición que nos ofrece la Real Academia de la Lengua Española sobre el concepto o patología natural, el cual se sintetiza en estos sinónimos; ególatra, narcisista, egoísta, protagonista, egotista-exagerado de la propia personalidad-. Por tanto, definiendo el término, de egocéntrico, primeramente, refiere personas que solamente piensan en sí mismas, que únicamente se creen el centro de todo y piensan que los demás y lo de los otros, están en segundo plano. Para el término nos basta hasta aquí.

Ahora veamos lo que a nuestro juicio es una patología psiquiátrica o psicológica que resulta un sello de fábrica de los individuos, producto de un conjunto de elementos propios de la concepción de la vida y sus diferentes circunstancias que la estructuran; entre las que se cuentan; la propia aventura de ser embrión, y de la propia batalla de la sobrevivencia-es decir, cada individuo-es un guerrero de espadachín en manos, desde los espermatozoides. Y a mi juicio, como ente viviente su naturaleza trae un sello de fábrica de creerse ser primero en todo.

Según la definición anterior y lo que veremos más adelante, en los criterios de Sigmund Freud, se puede decir, -que la vida- es el resultado de varios episodios. Por lo tanto, resulta natural la competencia por ella-la vida- y, es el producto de una lucha campal entre millones de microscópicos espermas luego de la fuga semental y que salen todos hacia la corona del óvulo maternal y, desde luego, en ese mismo instante se instala en el inconsciente del ser vivo que ganó la guerra de su existencia y de la propia vida, una especie de síndrome del Ego-yo-. Entonces, como premio de ser sobreviviente, automáticamente por fuerza psicopsiquiatría, se comporta naturalmente como rey del universo.

Para entender mejor el tema y la ruta del mismo, veamos las tres instancias de Sigmund Freud-, científico de la conducta y el psicoanálisis-en el que destaca, el Ello, Súper yo y el yo, y lo explica como conflicto interno propio de la lucha interior de la personalidad. Y en efecto, al referirse al Ello, explica que, los individuos son cautivos o presos de conflictos de lucha constantes de estos tres elementos de la psiquiatría humana y a partir de estos criterios, la presencia del Yoismo humano, requiere obligatoriamente reconocimientos y que por lo tanto viene desde factores externos e internos, -el Ello-, impulsando que los individuos sean capaces de cualquier acción en aras de ponerse por delante de los demás, y de forma natural aflora el auto protagonismo-incluso hasta en las luchas políticas y las religiosas, y por eso, lo suyo además de ser lo más importante está revestido de una descomunal megalomanía y del “Yo primero, lo mío es lo único, si no soy yo que entre el mar, etc.  

A partir de las postulaciones anteriores, el psicoanálisis de Freud,-que yo valoro- se fundamenta en la idea de que los procesos psíquicos que se producen en cada persona están definidos por la existencia de un conflicto, y que expresa esa constante-dinámica- sucesión de acontecimientos por las que una parte intenta imponerse a la otra, de lo cual, los conceptos del Ello, Yo y el Súper yo forman el apartado de la teoría de Freud en el que esta idea de choque entre diferentes estructuras psíquicas queda más patente. 

Primero, cabe resaltar el Ello. Se establece que está presente desde que nacemos. Se mueve a partir del principio del placer inmediato, y por eso lucha por hacer que las pulsiones primarias rijan la conducta de la persona, incluso, sin importar las consecuencias, a medio o largo plazo que eso pueda conllevar, sería, como efecto de la parte animal o instintiva del ser humano. 

En segundo orden, el Yo, instancia-psíquica, que desde los dos años se instala en los individuos, que se conecta un poco con la realidad y se vincula un poco más con la realidad hacia el exterior. O sea, aquí se piensa en consecuencias y hasta los problemas que podría generar una conducta muy atrevida-el usa el término desinhibida-, la cual se mezcla con el Ello para aplacar las pulsiones internas, y genera los mecanismos de defensa. ((https//psicologiaymente.com/autores/Adrián Triglia, 2026)

Imagen tomada de fuente externa

Respecto a la tercera instancia psíquica referida, está el Súper Yo, el cual  viene apareciendo a partir de los tres años- y para todos los individuos-. Asegura que es consecuencia de la socialización y en efecto, por conducta aprendida, atribuida en primer lugar a los padres e internalización de normas legitimadas como patrones sociales, pero que, como tiene que ver con una especie de la construcción de la conciencia humana, resulta una especie de contrapeso a fin que la propia personalidad de uno mismo, se acerque a la perfección. 

Ya colofonando, y empalmándome con la introducción de este artículo-sabiendo que yo lo que soy es psicólogo social por el marco se sustentación de la politología, que estudia las sugestiones, los controles de las masas y los conglomerados, me resulta pertinente aseverar que el Súper yo, jamás podrá superar el Ello y el Yo, ya que estos últimos forman parte de la esencia psíquica de la interioridad de los individuos y, en este sentido, a través de la educación y una socialización en valores-aun siendo una tarea que se practique-los egos serán las inconductas a vencer ya que son partes esenciales de la voluntad interior de los individuos. 

Por lo tanto, será siempre un patrón de conducta que el humano anteponga lo suyo, lo propio y en esa dirección resulte irresistible el comportamiento de cada uno a luchar para ser primero, y dentro de estos patrones psíquicos, es capaz de practicar todas las travesuras y mezquindades-hasta bajeza- a su alcance, por tan solo brillar más que todo. Usar las tramas, la envidia, las trapisondas y todos los medios a su alcance para no sentirse superado por nadie-esa es la lucha de la vida y hay que comprenderla-

A mi juicio, este registro natural soporta la esencia del Príncipe de Nicolás Maquiavelo y una mayoría de dramas de la humanidad, y mayor aún, por la esencia del Ego, que conduce a los individuos a ser malos solamente por estos ser beneficiados primero. Y como medio de aplacar este ente intrínseco a los humanos, vemos que todas las religiones se sustentan en el arrepentimiento, en los diez mandamientos, por ejemplo y, en fin, en todos los controles sociales y que por ser bueno, amar el prójimo, no codiciar los “bienes ajenos”, etc., se recibirá la gloria en el cielo-control social,- para nosotros- justo y necesario como paliativo del ego exorbitado. 

Pero finalmente, no busquemos más explicación de hasta posibles triquiñuelas, de familiares, amigos, padres e hijos, pares y coterráneos, ya que como instinto, veremos brotar las envidias, primacías entres sociales y, ante cualquier conglomerado practicar la conducta, “quítate tú, para ponerme yo”, por lo tanto, no esperemos muchas bondades que choquen contra factores de predisposición psíquicas a ser los primeros en todo. Y cierro, según Publio Terencio, -en enemigo de sí mismo- “nada humano me resulta ajeno”, según estos criterios, “ni buenos ni malos, sino defensas de intereses”, y suerte que tenemos a Cristo de por medio, sino, la vida fuera capú no te abajes,-como prácticamente vamos en camino-lo que me permite concluir que todas las pugnas humanas, tienen su esencia-psiquiátricamente-,a partir de estos comportamientos confrontativos de la naturaleza de los individuos. Y como decía Juan Bosch, ¡“comprendes”! 

El autor es abogado, escritor, consultor y gestor literario

Reside en República Dominicana

Octubre 26, 2026